GASTRONOMÍA
Y CONSERVACIÓN DE SETAS (I)
Vamos a trasladar a nuestra revista la experiencia culinaria adquirida en nuestros devaneos por los fogones para obtener sabrosos platos de estos frutos de la naturaleza, que son las setas. Partiremos de unos principios básicos como son: la imaginación, experiencia y una buena dosis de paciencia.
Vamos a dar comienzo con uno de esos pilares
de la cocina: la imaginación. Trasladaremos
las texturas, sabores y olores de las setas que
conocemos o dispongamos a cualquier plato que vayamos a realizar. También podemos cambiar ingredientes sustituyéndolos por
setas.
Hay setas que van a llegar a nuestros menús
por dos líneas: Por
un lado, como ingrediente principal y por otro,
complementando platos (salsas o guarniciones). Cuando el producto
protagonista del plato va a ser el hongo, se debe resaltar su presencia, su
sabor y el aroma, en cualquier caso debemos destacar el producto que define el
plato.
Como ejemplo de este planteamiento, si
preparamos unos «Pimientos rellenos de hongos», significa que la seta va a ser
la estrella del plato, por lo tanto el acompañamiento no debe tapar el sabor de
las setas. En cambio, si el plato son «Pimientos rellenos de marisco» y el
acompañamiento es alguna crema a base de setas, deberá dominar el sabor del marisco.
Para decidir combinaciones o platos es muy
importante conocer la textura de las setas, ésta va unida a los grupos a que pertenecen, pero podemos encontrarlas
correosas, granulosas, carnosas, elásticas, viscosas, coriáceas, etc, sin
embargo los olores y sabores son más peculiares (salvo excepciones), tienen
mayor singularidad.
Hasta este momento hemos estado hablando de
setas en estado natural, bien sean cultivadas o silvestres, las cuales en su
mayor parte deben de tomarse previa elaboración. Algunas setas se pueden comer
en crudo pero «no» todas, sólo algunas de ellas pueden evitar su paso por las
cazuelas. Hay que tener presente que el consumo de setas en crudo puede
resultar más indigesto y, además, algunas tiene tóxicos termolábiles que se
destruyen al ser guisadas. Como regla general,
se pueden comer en crudo aquellas que tienen un histórico acreditado de
comestibilidad, en este estado: Fistulina
hepática, Calocybe gambosa, Amanita caesarea, algunos Agaricus, etc
De cómo decidiremos las setas a
elegir para nuestros platos.
Tendremos que hacerlo entre las variedades de
temporada, las de cultivo o la oferta del mercado. Entre las diversas formas de
conservación que hay en el mercado: setas desecadas, congeladas, embotadas, al
vacío, etc. Ahora la oferta se ha visto ampliada con un nuevo campo
, las setas silvestres naturales! Esto se ha producido al
aumentar la presión y el interés por las setas en gastronomía. La
comercialización de setas importadas en cantidad resulta con un precio muy
competitivo porque la demanda de ciertas especies es muy variable según el país
o la región y además las épocas de fructificación son más diversas.
Otro aspecto de la cocina es la imaginación,
debemos trasladar nuestra experiencia con las setas a cualquier plato. Así, si
nos planteamos preparar unas «Alubias o Fabes con setas», la premisa a aplicar, debe ser la textura y el sabor que
vamos a transmitir al plato. En principio debemos escoger una seta correosa y
tierna, no elegir una especie que se deshaga o que parezca goma, también debe
aportar un sabor con cierta entidad, esto es,
marcar su peculiaridad, podrían ser níscalos ( Lactarius deliciosus), Amanita rubescens,
Clitocybe nebularis, Geotropa, Paneolus, etc. Una cosa importante es aprovechar la experiencia de
profesionales y aficionados a la cocina, escuchando sus consejos acerca de las
setas, ya que las manipulan con más frecuencia. Esto nos ayudará a escoger las
especies y el estado más apropiado para nuestro plato.
Una orientación a la textura y el sabor que
va a transmitir una seta se puede hacer con la siguiente experiencia: Basta con dar un
hervor en agua salada al gusto para ver
la presencia y sabor aproximado en el plato, tiempo de cocción, etc. Este
ejercicio nos va a aportar datos que
podemos llevar a nuestro guiso. En los lances culinarios de setas no es muy
frecuente que tengamos la misma experiencia que con otros productos de mayor uso en la cocina, por lo tanto, debemos
utilizar el recurso de la paciencia cocinando lentamente, probando y
contrastando los resultados a lo largo del guiso.
De cómo debemos actuar con unas setas para llevarlas a nuestro plato.
En principio se deben limpiar lo mejor
posible, eliminando la tierra de la que suelen ir acompaņadas, tratando de
humectarlas lo menos posible, Nunca remojar si están muy sucias!, se pueden
limpiar al chorro de agua y escurrir bien, también con un trapo humedecido,
etc.
Otro dato importante es que solamente se
deben consumir aquellas setas que están
en buen uso. Debemos de actuar como con cualquier otro alimento.
Debemos alejarnos de algunas tradiciones
generalizas como, «hervir todas las setas para consumirlas», esto puede
aplicarse en algún caso especial, pero no debemos de generalizar, pues vamos a
perder propiedades con el agua de la cocción que desechamos. «Pelar las setas»,
también en algún caso, es aconsejable el pelado de las setas, pero no debe
trasladarse a todas. «Pruebas de toxicidad» no hay ninguna prueba física
(cuchara de plata, comida por animales, época, colores, etc) que nos indique si
una seta es comestible o no, solamente
se deben consumir setas que
conozcamos perfectamente, o recurrir a comercios especializados,
contrastados y con garantía para la venta.
En próximos capítulos daremos formas de
conservación y comercialización de hongos.
Ahora vamos a dejar un pequeño adelanto de conservación para que el año que venga bueno de setas se pueda alargar la degustación de estos frutos.
Según cantidad usar un recipiente, verter en él un
poco de aceite (algo más que cubrir el fondo), añadir dos o tres dientes de ajo
enteros o en trozos grandes por si luego se quieren eliminar. Una vez que el ajo se ha frito se añaden las setas
troceadas (pueden hacerse en trozos grandes) y se salan un poco. A continuación, se ponen a fuego lento, mientras van soltando
líquido. Una vez que han quedado pochadas en el líquido que han soltado (no
deben hacerse mucho), se dejan enfriar, para, posteriormente, colocarlas en un
recipiente hermético e introducirlas en el congelador, acompañadas del líquido que han
soltado.
La fórmula anterior tiene ventajas e inconvenientes, conservan muy bien la textura y el sabor, aunque queda condicionada a platos salados.
En próximas revistas seguiremos con el tema
de la conservación y comercialización de setas.
SATURNINO PEDRAJA